Mis aventuras porteando a la espalda.

Mis aventuras porteando a la espalda.

Portear a la espalda para muchos padres suele representar miedos y retos, miedo a no poder ver al peque y no poder responder a sus necesidades prontamente, temor a que se caiga, etc., sin embargo, una vez que iniciamos el porteo a la espalda nos damos cuenta de que no hay nada que temer y que podemos responder a las necesidades del bebé tan prontamente como cuando los cargamos al frente o a la cadera, nuestro temor a que se  caiga se supera conforme vamos practicando y vamos confiando en nuestra técnica (mejor aún si hemos recibido asesoría), retos siempre hay, aun teniéndose mucha práctica siempre habrá retos que atravesar pero gracias a ellos logramos aprender más sobre esta practica.  Por eso esta vez quiero contarles algunas aventuras que he vivido porteando a la espalda a mi hijo Saíd, solo con la idea de compartir y puedan tomar algo de mis experiencias para aplicarlo en sus días de porteo a la espalda y claro, para reírnos un ratito.

La primera que recuerdo y no olvido, fue cuando Saíd tenía mas o menos 1 añito de edad. Fuimos a una mueblería con mis papás, yo lo porteaba a la espalda con fular, con un nudo doble hamaca, estuvimos caminando entre pasillos muy estrechos, cuidando yo sus piecitos traviesos que suelen patear todo al pasar, todo iba bien y ya estábamos por salir de la tienda, pasamos por un último pasillo estrecho donde había libreros vacíos a mi izquierda y mesas a la derecha. Los libreros a su vez tenían algunas sillas encima de ellos. Caminábamos en fila india, mis papás al frente, luego yo con Saíd y al final mi hermana, entonces pasó lo inesperado… jamás pensé que los pequeños bracitos de mi hijo tuvieran tanta fuerza… Al pasar junto a un librero se agarró de él y lo jaló, sí, sus pequeños brazos fueron capaces de echarnos un librero de casi 2mts de altura encima con todo y sillas… ¡ya se imaginarán la escena! Miles de miedos pasaron por mi cabeza en dos segundos, “¿se habrá golpeado la cabeza?, ¿se lastimó el brazo?, ¿Mi hermana estará bien?, ¿eso que sonó fue la silla contra el vidrio de la mesa de a lado? ¿Hay vidrios volando?”… Claro que de inmediato corrieron a asistirnos, y nos quitaron de encima el mueble, mi hermana había logrado meter un poco las manos y para suerte nuestra nadie salió lastimado, el mueble quedó entre mi bebé y yo, él dentro de un hueco y yo fuera, pero nadie obtuvo ni un solo golpe, ni un solo arañazo, ni siquiera los muebles al rededor salieron dañados, lo único obtenido fue ¡un tremendo susto!. Quitarme a mi bebé de la espalda, quien lloraba de susto, fue el momento más largo de toda la situación, tenía miedo de verlo lastimado pero sentí un alivio entero verlo salvo y sano.

Moraleja: No solo cuidar los pies, también las manos, y si debes caminar por un camino estrecho lleno de cosas es mejor que tu bebé lleve sus bracitos dentro y no fuera del cargador o elije el camino más ancho aunque te toque caminar más.

La siguiente aventura fue hace tan solo unos meses y me recuerda un poco a la experiencia anterior, estábamos buscando un regalo para mi esposo quien estaba por cumplir años, visité más de 1 tienda ese día y anduve de arriba para abajo sin mucho éxito, estaba ya cansada y era hora de comer, tenía hambre, estaba ligeramente malhumorada y solo quería irme a casa pero me obligué a visitar una última tienda para ver si tenía suerte, andaba yo con la mente en otro mundo pensando “¿y ahora que haré?, quiero irme a casa, debe haber algo! etc.”, mi hijo iba esta vez en la Tula, atrás, también estaba cansado, con hambre y sueño… Algo dentro de mí me decía “vete ya, no hay prisa, luego buscas”, sin embargo no hice caso a mi yo interno y seguí buscando, no encontré nada y por fin me rendí y decidí irme a casa, ya cerca de las escaleras eléctricas para bajar (estaba en planta alta) pasé junto a una mesa con uno de esos adornos enooormes encima, era un caballo de cerámica o algo parecido, avancé un paso y de pronto escuché un estallido y vi volar al frente mío cientos de pedacitos de cerámica… sí, Saíd lo pateó sin querer cuando pasamos junto a el, no medí nuestra espacio, pasé muy cerca, lo pateó, se cayó y se hizo añicos. ¡EL HORROR!, obviamente nosotros estábamos ilesos y lo primero que pensé fue “oh Dios, cuanto me va a costar esto?!” Enfrente mío había uno de los asistentes de la tienda quien fue testigo de lo sucedido, así que se me acerco y le dije “dígame por favor cuando debo pagar por esta artesanía…”, la pieza no tenía el precio marcado, solo tenía una etiqueta que decía “Importado“..

El asistente tuvo que bajar a la bodega a investigar el costo de la pieza, mientras tanto yo contaba billetes en mi cartera. Luego tuvo que llamar al gerente quien después de una laaaarga y eterna espera para mí (en realidad fueron como 10 minutos), se me acercó para informarme del costo y dijo “Se trata de una pieza de importación, su costo es de $1, 200 y solo podemos hacerle un descuento del 10%, osea que habría que pagar $1,080”, fue un alivio saber que no era una cantidad de locura como pensé, pero aun así no traía yo tanto dinero,  abrí mi cartera frente a él y le dije “¿y qué pasa si no traigo tal cantidad?”, seguro el hombre vio mi cara de angustia fatal y me pidió esperar otro momento más, se retiró e hizo una llamada por teléfono… Al final se me acerca y dice: “Lo he comentado con mi superior y hemos acordado que no le cobraremos nada, solo le pedimos por favor tener más cuidado al pasar”…Oh por Dios!! … Casi le beso los pies al gerente, le agradecí infinitamente y  así toda roja roja roja como jitomate y con las orejas calientes me fui por fin de la tienda buscando caminar por pasillos amplios amplios y vacíos donde mi hijo no pudiese tomar nada ni por accidente… Al final, saliendo de la plaza, en otra tienda, encontré lo que buscaba y pude comprar el regalo de mi esposo que por poco y sale más caro de lo planeado.

Moraleja: 1) Otra vez: no pasar por caminos estrechos llenos de objetos cuando porteas!!! 2) Haz caso a tus instintos, si algo te dice vete entonces ¡vete! y 3)Si tus sentidos no están al 100% por el motivo que sea (cansancio, hambre, sueño), no portees, necesitas tener estar bien alerta con todos los sentidos dispuestos para lograr tener buen control de tu espacio y tus movimientos, esto aplica siempre, no importa si porteas al frente, a la cadera o a la espalda y aplica en cualquier medio, en la casa, en el trabajo, en el parque, en el super, etc.

La última es todavía más reciente y también nos ha dejado cierto aprendizaje jeje… Era un día cualquiera, mi hijo estuvo glotón ese día, confieso que comimos comida poco saludable y en su caso comió varias guzgueras.  Algo de lo ingerido le soltó un poco la pancita y estuvo quejándose de molestias toda la tarde. Ya por la noche estaba muy lloroncito pues no se sentía bien y tenía sueño, decidí portearlo para ayudarlo a sobrellevar su malestar y arrullarlo para que durmiera, me puse mi fular corto de la Trageschule e hice un canguro sencillo, nos subimos a nuestra habitación y al ir subiendo me empezó a pedir desesperado que lo bajara y me decía “me duele la pancita, bájame!”, le pedí esperar para llegar a la cama e intenté arrullarlo para calmarlo y BOOM!, una explosión de vómito cayó sobre mi espalda y mi preciado fular… olía a gomitas de uva que seguramente fue lo que le cayó mal y no pudo digerir. Mi hijo se soltó en llanto y no por el hecho de haber vomitado, decía entre llantos “mamá te vomité!!, mamá vomité tu fular, en tu espalda buaaaa!” jajaja, sí, fue un tanto desagradable deshacer el amarre y sentir como recorría en mi espalda el vómito tibio de mi hijo, claro que tuvimos que meternos a bañar y lavar el fular de inmediato y remojarlo en vinagre para que no se impregnara el olor. Al final Saíd estaba muy contento y como si nada porque ya se sentía bien y nos reímos de la situación.

Moraleja: Te diría que no portees a tu bebé si le duele la panza, pero la realidad es que no sabemos si vomitará o no y el porteo siempre ayuda a sobrellevar cualquier molestia, lo que sí te diré es 1) si te pide bajarlo, bájalo de inmediato y 2) ¡No le des gomitas! No aportan nada saludable asi que no se pierde nada y créeme… el vómito con olor a gomitas es aaaaasqueroso.

Esa es mi pequeña colección de aventuras, claro que hemos tenido otras muy buenas, hemos hecho cosas que pensé no podría hacer porteando y han sido posibles gracias a llevar a mi hijo atrás, sobre todo desde que alcanzó cierta edad y empezó a estorbarme al frente, hemos bailado, cocinado y hasta horneado, hemos caminado en la playa y muchas otras cosas que han dejado muy lindos recuerdos, me encanta que pueda ver el mundo a mi altura y asombrarse con todo lo que ve, el mismo me pide cargarlo cuando está cansado y aunque nuestros días de porteo se agotan poco a poco seguimos juntando recuerdos, esas 3 experiencias han dejado su huella bien marcada en mi historia de porteo pero espero que puedas tomar algo de ellas y aplicarlas en tu día a día mientras porteas a tu bebé.

Aura Nieto.

Posdata: Dadas las circunstancias no fue posible capturar imágenes de cada momento jajaja, pero mejor así pues da rienda suelta a la imaginación, como sea les dejo foto “de relleno” para  que quede un buen recuerdo de este post 😛

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